En 'León el africano' se describe con gran lujo de detalles cómo eran las casas habitadas por los nazaríes, unas viviendas que hoy permanecen en el Albaicín, muchas de ellas llamadas cármenes, pero otras son en la actualidad corralas de vecinos, viviendas particulares e incluso establecimientos hosteleros. El especialista Antonio Orihuela advierte sobre las intervenciones en estos espacios, que se han visto parcelados en pequeños apartamentos en los últimos años para un
'mejor' aprovechamiento inmobiliario, pero que no ha sido tan beneficioso para la conservación del patrimonio.
Estas casas mantuvieron las características básicas de la arquitectura residencial nazarí de los siglos XIII-XV: distribución alrededor de un patio, fachadas con ausencia de decoración y vanos, exceptuando la puerta de entrada y sistema de acceso en recodo para garantizar la intimidad. Aunque la mayoría contaba con dos plantas, el patio era el centro de la vida familiar, que se desarrollaba fundamentalmente en la planta baja, donde también había un zaguán, una letrina y una pequeña cocina.
Al principio del periodo nazarí la planta alta tuvo un papel secundario, pero en la etapa morisca se produjo casi siempre una igualdad entre ambos niveles, que repetían la misma disposición. Esto implicó el incremento del número de galerías para facilitar el acceso a las habitaciones superiores. En los elementos tallados en madera de estas galerías es donde más se nota la aparición de motivos decorativos de la cultura cristiano-occidental, góticos al principio y renacentistas después, combinados con los de tradición islámica
como son los mocárabes.
En el barrio del Albaicín existen todavía más de ochenta de estas casas, que constituyen un conjunto de gran valor arquitectónico e histórico, «aunque muchas presentan un estado precario de conservación», señala el especialista del Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad, dependiente del CSIC.
La mitad de las casas moriscas existentes en el Albaicín han sido rehabilitadas en las tres últimas décadas, salvo la llamada Casa del Chapiz, restaurada en 1932 para albergar la Escuela de Estudios Árabes. «La otra mitad -añade el investigador- todavía no ha sido objeto de una obra completa desarrollada según los métodos comúnmente aceptados por las cartas internacionales que fijan los criterios de intervención».
Los usos a los que se destinan las casas rehabilitadas, según los datos aportados por Antonio Orihuela, son los siguientes: 23 son viviendas unifamiliares, 11 son viviendas plurifamiliares, 3 tienen uso hotelero, 2 están integradas en conventos de monjas y 1 es un centro de investigación.
Las que aún no han sido restauradas se
utilizan de este modo: 8 son viviendas unifamiliares, 8 son plurifamiliares y 9 están deshabitadas, de ellas 5 en muy mal estado. En otras 17 se están haciendo obras de rehabilitación.
Uno de los problemas de los que advierten los especialistas es la pérdida de condición unifamiliar de estas casas árabes para transformarse en viviendas de apartamentos, «con lo que se pierde el carácter original de estas casas, al ser parceladas y perder sus galerías y demás elementos originales», señala Antonio Orihuela.
Los expertos mantienen que estas edificaciones fueron construidas para ser
utilizadas por familias compuestas por una media de cuatro personas. En algunas ocasiones se ha podido comprobar que se trata de antiguas casas nazaríes reformadas o ampliadas en el siglo XVI. Las tres decenas de casas conservadas más completas, dan como resultado una parcela media de 158 metros cuadrados, con patios cuya superficie descubierta media es de 26 metros. «Esas generosas dimensiones, posibilitadas al ser edificadas en un arrabal que no sufrió los procesos de saturación urbana, permiten acomodar viviendas unifamiliares con excelentes condiciones de habitabilidad. Se da la coincidencia de que el número de miembros de la unidad familiar media actual en Andalucía es muy similar al que tenían las familias de los moriscos granadinos», comenta el arquitecto.
Según Orihuela, «el calentamiento global de la tierra nos ha hecho entrar en una etapa de temperaturas que igualan e incluso empiezan a superar a las que hubo en el denominado 'Periodo Cálido Medieval'. Tal circunstancia permite volver a disfrutar de unas condiciones óptimas para usar patios y galerías». «El uso unifamiliar -añade- permite recuperar el patio como centro de la vida con toda su intensidad, al menos durante los meses de junio a septiembre».
El uso plurifamiliar de las casas árabes, su transformación en corralas de vecinos, «probablemente tenga su origen al final del siglo XIX, cuando se produjo la demolición de un número elevado de viviendas modestas en la Gran Vía de Colón». Gran parte de sus habitantes tuvieron que trasladarse al Albaicín y esta demanda provocó la subdivisión de muchas de ellas, para alojar varias familias en condiciones de hacinamiento. «Con objeto de aumentar la superficie se cerraron las galerías y también parte de los pórticos, en los que se instalaron cocinas y aseos», señala el experto.
En opinión de Orihuela, el «Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Albaicín consolidó el uso plurifamiliar en las casas ya subdivididas, lo que supone ganancia para la inmobiliaria, pero una pérdida de patrimonio». Este uso plurifamiliar o conversión de la casa en edificio de pequeños apartamentos ha conseguido «desvirtuar las características tipológicas de las casas moriscas».
«Se ha empeorado mucho actualmente, pues de una proporción de dos a uno entre las casas ya rehabilitadas como unifamiliares respecto a las plurifamiliares, se ha pasado a una proporción de uno a seis», indica Orihuela. Los especialistas culpan de este crecimiento a las normas del Plan Especial, «que han permitido a los promotores profesionales invertir en este tipo de casas para convertirlas en apartamentos de reducidas dimensiones y precios elevados, inadecuados para albergar a familias con hijos que deseen establecerse en el Albaicín». Lo que está ocurriendo, siempre según el investigador, es que estas casas rehabilitadas «son ocupadas por población flotante de jóvenes profesionales sin hijos, que no tienen como objetivo vivir de forma duradera en el barrio».
«Las intervenciones de promotores profesionales plantean en muchas ocasiones actuaciones inapropiadas como la distribución de viviendas en dúplex, que necesitan nuevas escaleras interiores de comunicación las cuales rompen valiosos techos antiguos de madera», advierte el especialista. «También -añade- producen el fraccionamiento de las salas principales e impiden recuperar sus vanos de acceso».
El uso hotelero puede ser una alternativa en las casas más grandes o en aquellas que puedan tener un uso compartido con otra parcela colindante libre de condicionantes urbanísticos. Tiene la ventaja de que las salas principales pueden ser usadas como espacios sin compartimentar.
A modo de conclusión, el arquitecto indica que «es necesario que en el proceso de revisión del PEPRI Albaicín, las instituciones competentes, Ayuntamiento de Granada y Junta de Andalucía, dificulten o impidan el uso plurifamiliar, puesto que es incompatible con el respeto a los valores arquitectónicos de estas casas».